Los problemas reumáticos no son exclusivos de la tercera edad ni homónimo de “dolores del clima”. El término reuma se usa en la calle para describir cualquier molestia articular, mas en medicina hablamos de un conjunto amplio de enfermedades reumáticas que afectan articulaciones, ligamentos, huesos, músculos y, habitualmente, órganos internos. Cuando un paciente pregunta que es el reuma, suelo responder con una imagen sencilla: imagina un sistema de defensa o de reparación del tejido que se desorienta, se vuelve persistente y, en ocasiones, ataca estructuras propias. Si esa actividad anómala continúa meses o años sin diagnóstico, el costo se paga en forma de dolor crónico, limitación funcional y daño irreversible. Por eso resulta conveniente aprender a reconocer señales tempranas, esas que el cuerpo repite en voz baja antes de que el hueso, el cartílago o la vista padezcan de forma grave.
Lo que revela la historia clínica cuando uno escucha de verdad
En consulta, las primeras pistas prácticamente nunca están en una resonancia, sino en los detalles del relato. Dolor que despierta por la noche, rigidez matinal que fuerza a “calentar” las manos quince o veinte minutos, cansancio que se arrastra como plomo aun tras descansar, fiebre baja sin foco claro. Una paciente de 42 años llegó tras ocho meses de molestias en las manos. Había dejado de abrir frascos, atribuía el problema a la computadora y al frío. La señal clave fue su frase: “Me tardan en arrancar los dedos cuando amanece”. Esa rigidez sostenida, sumada a dedos hinchados y mejora franca con el movimiento, apuntó a artritis inflamatoria y no a desgaste mecánico.
No se trata de convertir cada dolor en reuma. Una sobrecarga por gimnasio mejora con reposo y frío local. La artritis por inflamación mejora con el movimiento continuo y empeora con el reposo. Esa diferencia práctica, vivida día a día, es uno de los filtros más utiles para decidir porqué asistir a un reumatólogo y no quedarse solo con analgésicos de venta libre.
La fatiga que no respeta el descanso
La fatiga de origen reumático no es bien simple sueño. Es una sensación de batería descargada a mitad de la mañana, de manera frecuente seguida de bruma mental leve. No necesariamente hay dolor intenso. En lupus o en síndromes autoinmunes tempranos, la fatiga puede preceder a cualquier otro signo. Cuando va acompañada de caída de cabello difusa, aftas orales recurrentes, fotosensibilidad o fiebre de 37.5 a 38 grados sin foco, la probabilidad de proceso sistémico aumenta. En los diarios que sugerimos a pacientes, anotar horas de sueño, nivel de energía y actividades deja correlacionar picos de fatiga con brotes. Ese registro, con dos o tres semanas de detalle, vale más que cualquier impresión vaga en el consultorio.
Rigidez matinal y patrón inflamatorio de dolor
El dolor mecánico, típico de artrosis o sobreuso, duele más al final del día y mejora con reposo. El dolor inflamatorio de la mayoría de las enfermedades reumáticas duele al amanecer, obliga a “aflojar” articulaciones con agua templada o caminatas suaves, y puede persistir más de treinta minutos. La duración de la rigidez matinal es un dato clínico robusto. Menos de diez minutos sugiere un componente mecánico. Treinta a sesenta minutos, en especial en manos, muñecas, tobillos, codos o pies, sugiere artritis reumatoide u otro proceso inflamatorio. En espondiloartritis, el dolor lumbar que lúcida a la segunda mitad de la noche y obliga a levantarse a caminar es más informativo que una radiografía normal al comienzo.
Articulaciones hinchadas, no solo doloridas
Muchos pacientes describen “hinchazón” cuando en realidad refieren dolor. La inflamación auténtica deja huella: aumento de volumen perceptible, calor local y, en ocasiones, derrame articular. Un test familiar orientativo consiste en comparar anillos o relojes: si por la mañana no entran y por la tarde sí, hay edematización matinal. En la exploración, un reumatólogo detecta sinovitis a través de palpación de la articulación y maniobras concretas. No es raro que radiografías iniciales sean normales. La fase en la que aún no hay desgastes es precisamente la más agradecida si se trata a tiempo.
Piel, uñas y mucosas hablan ya antes que las radiografías
Psoriasis no es solo placas rojas en codos. Muchos pacientes tienen lesiones discretas ocultas en cuero cabelludo, ombligo o glúteos, y lo pasan por alto pues no pica o son “caspa”. La artritis psoriásica puede comenzar antes o después de que la piel se manifieste, y se acompaña de dactilitis, ese dedo “salchicha” que duele y se torna uniformemente tumefacto. En uñas, la presencia de piqueteado, manchas de aceite o desprendimiento distal brinda pistas de alto valor.

En lupus, el exantema malar en mariposa no siempre y en toda circunstancia es atractivo. En ocasiones solo queda un enrojecimiento que aparece con sol o calor. Las aftas recurrentes, indoloras y profundas, o las lesiones en paladar blando, suelen ignorarse. En vasculitis, la aparición de púrpura palpable en piernas, que no desaparece con presión, merece evaluación inmediata si se acompaña de dolor abdominal o sangre en orina.
Dolor lumbar que no es “de silla”
El dolor lumbar inflamatorio aparece antes de los cuarenta y cinco años, dura más de 3 meses y mejora con ejercicio, no con reposo. La rigidez al despertar, la alternancia de dolor en glúteos y el despertar nocturno por dolor sugieren espondiloartritis. Es frecuente que una resonancia de columna o radiografía sea anodina en los primeros meses. El historial de uveítis (ojos enrojecidos, dolor ocular y fotofobia), soriasis o enfermedad inflamatoria intestinal refuerza el diagnóstico. Ignorar estos datos retrasa terapias que evitan la fusión progresiva de las articulaciones sacroilíacas.
Señales sistémicas que suelen pasarse por alto
- Pérdida de peso no intencionada mayor a tres a 5 kilos en dos o 3 meses, sin cambios de dieta, acompañada de dolor articular o fiebre baja. Fenómeno de Raynaud: dedos que cambian de color con el frío (blancos, luego azules, entonces rojos) con hormigueo y dolor. Suele preceder a esclerosis sistémica u otras conectivopatías. Ojos secos y boca seca persistentes por más de tres meses, necesidad de agua para tragar comestibles secos, caries de reiteración, sensación de arenilla ocular, signos tradicionales de síndrome de Sjögren. Disnea o tos seca crónica en pacientes con artritis reumatoide o esclerodermia, posibles indicadores de compromiso pulmonar intersticial que demanda estudio temprano. Dolor muscular proximal con debilidad real, complejidad para levantarse de la silla o subir escaleras, elevación de enzimas musculares en miopatías inflamatorias.
Cada uno de estos elementos, aislado, no obliga a un diagnóstico. En conjunto, orientan. La clave está en la cronología y el patrón, no en un dato suelto.
Analgésicos que “tapan el sol” y retrasan diagnósticos
El uso crónico de antinflamatorios no esteroideos por automedicación es una de las razones por las cuales vemos artritis ya erosiva. Cambian el dolor, no la biología del proceso. Si tras un par de semanas de AINEs el dolor regresa cuando se suspenden, y hay rigidez matinal, lo responsable es preguntar. Corticoides tópicos o comprimidos “de rescate” sin seguimiento son otra trampa. Reducen la inflamación y hacen más bastante difícil la evaluación inicial, además de disfrazar fiebre o elevar glucosa. Prefiero ver una articulación honestamente inflamada que una clínica “silenciosa” bajo prednisona intermitente.
Porqué acudir a un reumatólogo de forma temprana
Los primeros 6 a 12 meses desde el instante en que comienzan los síntomas de artritis reumatoide marcan la llamada ventana de ocasión. Tratar en ese lapso reduce daño estructural, mejora la función y aumenta la probabilidad de remisión. En espondiloartritis, empezar terapias dirigidas antes que haya cambios radiográficos evita años de discapacidad. En lupus, identificar compromiso nefrítico por microalbuminuria a tiempo impide progresión a fallo nefrítico.
Un reumatólogo no solo etiqueta una enfermedad. Ajusta fármacos con criterios de seguridad, define objetivos medibles, escoge en qué momento escalar a biológicos y en qué momento bajar dosis. Además, coordina con oftalmología, neumología o dermatología conforme el órgano comprometido. Ir al especialista no es un lujo, es una decisión que cambia el pronóstico a 5 y diez años.
Diferenciar “reuma” de artrosis y de lesiones por uso
La artrosis produce dolor mecánico localizado, crepitación y rigidez breve. Afecta con más frecuencia interfalángicas distales, base del pulgar y rodillas. Las radiografías muestran osteofitos y pinzamiento. La artritis reumatoide evita las articulaciones distales de los dedos en la mayoría de los casos y se ceba en metacarpofalángicas y muñecas. La inflamación es simétrica y con marcadores serológicos en parte de los pacientes. La molestia por sobrecarga deportiva mejora en días, responde a reposo y a ejercicios de fortalecimiento y no deja rigidez matinal prolongada.
Si dudas entre un esguince crónico de dedo o una artritis, observa la evolución: el esguince mejora progresivamente con inmovilización breve y fisioterapia. La artritis tiene un curso ondulante, con brotes y remisiones, y empeora con descanso prolongado.
Qué aguardar de la evaluación inicial
En la primera consulta, además de la historia clínica detallada, suele pedirse un panel básico: hemograma, velocidad de sedimentación globular, proteína C reactiva, perfil metabólico, función renal y hepática. Conforme la sospecha, se añaden anticuerpos como factor reumatoide, anti-CCP, ANA, ENA, HLA-B27, y pruebas de orina. La ecografía musculoesquelética permite detectar sinovitis subclínica con mayor sensibilidad que la exploración manual y, frecuentemente, evita aguardar a que “la radiografía hable”.
La imagen tiene contexto. En espondiloartritis, la resonancia de sacroilíacas detecta edema óseo activo antes que la radiografía muestre cambios. En miopatías, la resonancia identifica edema muscular y guía biopsias, acortando tiempos diagnósticos. No todo dolor precisa resonancia, mas cuando se solicita, debe pedirla alguien que sepa interpretar descubrimientos con relación a el cuadro clínico.
Terapias modernas y realistas: beneficios y temores
Existe miedo a los fármacos “fuertes”. Escucho frecuentemente que “me da miedo el metotrexato” o “prefiero algo natural”. Comprendo la reticencia. Parte de mi trabajo es comparar peligros. Dejar una artritis activa cinco años aumenta el riesgo de enfermedad cardiovascular, osteoporosis, infecciones y discapacidad. El metotrexato, con seguimiento mensual al comienzo y luego trimestral, tiene un perfil de seguridad admisible y beneficios comprobados. Los biológicos han transformado la historia natural de muchas enfermedades reumáticas, pero no son para todos ni para siempre. La resolución se individualiza, considerando comorbilidades, deseos de embarazo, vacunación y estilo de vida.
La adherencia importa más que el nombre del medicamento. En registros internacionales, los pacientes que logran mantener un índice de actividad bajo por al menos seis meses tienen mejores resultados funcionales a cinco años. Eso implica acudir a controles, ajustar dosis y comunicar efectos desfavorables cuando aparecen.
El papel del autocuidado sin caer en mitos
No hay una dieta que “cure” el reuma. Sí hay hábitos que modulan inflamación y reducen riesgo cardiovascular, que suele ser el elefante en la habitación. Una pauta mediterránea, con verduras, frutas, leguminosas, pescado azul dos veces por semana y aceites de calidad, ayuda a supervisar peso y perfil lipídico. El ejercicio regular, amoldado al brote, sostiene fuerza y movilidad. Una regla útil: en brote, movimientos de rango articular y descarga; en remisión, fortalecimiento y resistencia progresiva.
La vitamina D, la salud periodontal y las vacunas al día no son detalles menores. Enfermedad periodontal descontrolada se asocia a actividad de determinados géneros de artritis. Un control bucal semestral y una higiene meticulosa dismuyen marcadores inflamatorios. En vacunas, siempre y en toda circunstancia repasar calendarios antes de empezar biológicos. Evitar fumar es quizás la intervención más potente fuera de los medicamentos, particularmente en artritis reumatoide y espondiloartritis.
Señales de alarma que demandan atención inmediata
- Dolor torácico con complejidad respiratoria en pacientes con enfermedades reumáticas activas, posible tromboembolismo o pericarditis. Ojo colorado doloroso con visión turbia o fotofobia, probable uveítis. Orina espumosa, hinchazón de piernas o aumento brusco de presión arterial en pacientes con lupus, indicadores de nefritis. Déficits neurológicos agudos, como debilidad facial o dificultad para hablar, que requieren urgencias sin demora. Ulceraciones digitiformes dolorosas o cambios severos de coloración en dedos con riesgo de isquemia.
Estas situaciones no admiten aguardar a la próxima cita programada. La coordinación con emergencias y equipo interdisciplinario puede salvar función u órgano.
Cuándo sospechar y de qué manera actuar en la vida cotidiana
Si una persona de treinta a cincuenta años presenta dolor articular inflamatorio, rigidez matinal mayor a 30 minutos durante más de 6 semanas, con o sin fatiga y tumefacción, debe agendar una valoración. Si tiene soriasis o antecedentes familiares de soriasis y desarrolla dolor en talones, dedos en salchicha o lumbalgia inflamatoria, no basta con fisioterapia aislada. Si experimenta fenómeno de Raynaud nuevo y engrosamiento cutáneo en manos, hay que buscar esclerosis sistémica. Ante boca y ojos secos persistentes, especialmente en mujeres de mediana edad, merece estudio de Sjögren.
En lo práctico, llegar a reuma consulta con un registro de síntomas de dos a 4 semanas acelera el diagnóstico. Anotar rigidez matinal en minutos, articulaciones afectadas, intensidad de dolor en una escala sencilla de cero a diez, medicación utilizada y respuesta. Traer fotografías de lesiones cutáneas en días de mayor actividad es útil, porque las máculas suelen desaparecer el día de la consulta.
El peso del tiempo y la ventaja de moverse pronto
Con frecuencia, la persona llega artículos sobre reumatología derivada por traumatología tras meses de plantillas y antinflamatorios. No es raro. El sistema de salud fragmenta. Pese a ello, todos los años ganamos herramientas y conocimiento. Hoy sabemos que la intervención temprana cambia trayectorias. Asimismo sabemos que no todo marcador positivo equivale a enfermedad. Un ANA positivo aislado en personas sanas no es diagnóstico. La madurez clínica está en no alarmar por descubrimientos incidentales, mas tampoco en banalizar señales sostenidas.
La pregunta que me hacen con más frecuencia es si el dolor “se va a quedar para siempre”. La honradez importa. Algunas enfermedades reumáticas son crónicas, mas crónica no significa incontrolable. Con tratamiento oportuno, ajustes y hábitos coherentes, bastantes personas llevan una vida profesional y personal plena. La diferencia entre llegar en los primeros seis meses o después de tres años es tangible: menos deformidades, menos cirugías, menos medicamentos a altas dosis y más remisiones sostenidas.
Un cierre práctico para decidir hoy
Si te reconoces en múltiples de las señales descritas, no te quedes con la etiqueta difusa de reuma. Pregunta por una evaluación reumatológica. Lleva tu historia por escrito, registra tu rigidez y tu fatiga, examina tu piel y tus uñas con calma en casa, y piensa si hubo eventos o infecciones recientes que pudieron detonar un brote. Los inconvenientes reumáticos no desaparecen por negar su existencia, y tampoco deben asustar más de lo preciso.
Buscar ayuda temprana no es ceder terreno, es ganarlo. Allí está la primordial contestación a porqué asistir a un reumatólogo: pues el tiempo cuenta, por el hecho de que el diagnóstico acertado evita daños sigilosos, y por el hecho de que vivir sin dolor superfluo es una meta razonable y alcanzable cuando se actúa a tiempo.